Del Deutsche Schule Medellín (Colegio Alemán Medellín) a la ingeniería aeroespacial en Europa: la historia de Julián

Del Deutsche Schule Medellín (Colegio Alemán Medellín) a la ingeniería aeroespacial en Europa: la historia de Julián

A los quince años, Julián Bustamante Angarita armó su primer cohete. Lo hizo con paciencia, siguiendo instrucciones, ajustando piezas, tratando de entender cómo algo construido con sus manos podía despegar. No funcionó. El cohete no voló como esperaba y terminó estrellándose. Aun así, lo siguió intentando. Desde antes ya tenía claro que quería ser ingeniero porque le interesaban los retos, meterse en cosas difíciles, probar y ver qué pasaba.

Del Colegio a la universidad: una base que marca la diferencia
Cuando dio el paso a la universidad, eligió estudiar Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Pontificia Bolivariana. Ahí empezó a aterrizar esa intuición que traía desde el Colegio. Lo que para muchos de sus compañeros era nuevo, para él ya no lo era tanto. Gracias al Deutsche Schule Medellín (Colegio Alemán Medellín) ya había visto cálculo diferencial, había pasado por álgebra; incluso, algunos temas de cálculo integral le resultaban familiares. Mientras otros intentaban entender desde cero, él sentía que estaba repasando.

Ese diferencial no venía solo de lo académico. También aparecía en cosas menos evidentes: escribir un informe, estructurar una idea, redactar un correo claro. Durante mucho tiempo pensó que eso no le iba a servir como ingeniero. Hoy es parte de su trabajo todos los días.
Gran parte de eso venía del proceso que había vivido en el Deutsche Schule Medellín (Colegio Alemán Medellín), un referente de educación internacional en Medellín, donde el rigor académico se combina con el desarrollo del pensamiento crítico y la comunicación en varios idiomas. 

Aprender a pensar: del método científico a la investigación
Hay otra base que se había construido incluso desde antes. En el programa Pequeños Científicos se había acercado al método científico y había aprendido a formular una hipótesis, probarla, revisar si funcionaba. Años después, cuando empezó a hacer investigación en la universidad, esa lógica volvió a aparecer como una forma de trabajar. Ahí fue donde también empezó a construir su camino en la cohetería. Fundó, junto a otros, uno de los primeros grupos de investigación en cohetería de alta potencia en Colombia. Diseñaron, construyeron y probaron un cohete.  Ese proceso lo llevó a certificarse con la Tripoli Rocketry Association, siendo uno de los pocos colombianos en lograrlo.

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Idiomas y mentalidad global: la ventaja de una educación internacional
Hay un punto donde realmente evidenció la diferencia y fue en el manejo de los idiomas. Mientras muchos de sus compañeros empezaban a desenvolverse en inglés, él lo hacía en tres lenguas: español, alemán e inglés. Salió del Colegio con un nivel avanzado y, sobre todo, con la capacidad de adaptarse a distintos contextos. Esa formación trilingüe —propia de un colegio multilingüe en Medellín— terminó siendo clave en su camino profesional.


De practicante a ingeniero de propulsión en Europa
Cuando aplicó a trabajar en Rocket Factory Augsburg, una empresa que desarrolla cohetes en Europa, una de las primeras preguntas fue si necesitaba visa. La respuesta era sí, pero no era un problema nuevo. Ya había pasado por ese proceso antes.
Sabía qué hacer, qué documentos necesitaba, cómo responder. Incluso, en momentos clave, el Colegio volvió a aparecer, apoyándolo a través de su red y su oficina de Asuntos Internacionales. 

Entró primero como practicante y, con el tiempo, pasó a ser ingeniero de propulsión. Hoy trabaja en el desarrollo de motores para cohetes, en un entorno donde cada detalle cuenta y donde el trabajo en equipo es determinante. Su día a día no es tan lejano como podría parecer. Se trata de hacer que las cosas funcionen. De probar, ajustar, volver a intentar. De trabajar con otros, para que todo encaje.

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Lo que queda en el tiempo
En medio de todo eso, hay una idea que fue cambiando: durante mucho tiempo pensó que ser ingeniero era dominar las matemáticas. Después, entendió que también tiene que ver con insistir, con aprender a resolver problemas y no quedarse quieto cuando algo no sale bien. Algo que se aprende y se construye con el tiempo y en lo que su familia, la Universidad y el Colegio son fundamentales.
Cuando mira hacia atrás, no hay un solo momento que explique dónde está hoy. Hay muchas etapas. El primer cohete que no voló, las clases que no parecían importantes en su momento, los reportes del Bachillerato Internacional, los idiomas, los viajes académicos, los proyectos que tomaron tiempo... Todo eso fue sumando.

Donde empiezan las historias
Historias como la de Julián no empiezan en Alemania ni en una empresa aeroespacial. Empiezan mucho antes, en decisiones pequeñas, en clases y en Actividades de Tiempo Libre – ATL o extracurriculares-.

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